jueves, 7 de noviembre de 2019

Glosario: Simbiosis y Sobreprotección

Glosario 2019
Psicología de la vida cotidiana, 
parte del Glosario Universo DADtube


¿A qué llamamos relaciones simbióticas? 

(Parte V)

Imagen de Enrique lopez Garre-Pixabay




La simbiosis y la madre “sobre-protectora”


La madre “sobre-protectora” no es otra que aquella que ha figurado emprender un duelo y aceptar la independencia de su hija/o pero que, paralelamente, desarrolla un miedo compulsivo a ver a su hijo/a enfermo, agredido, etc. Así, se autoconvence de una realidad hostil frente a la cual su hijo quedaría desamparado, por lo tanto, cederle espacio para su desarrollo –en su mente- aparece tanto como desampararlo.

Es entendible cual es el proceso psicológico interno.

La madre se niega a hacer ese nuevo duelo tan costoso afectivamente por lo que traslada la inermidad biológica evidente y lógica en un bebé proyectándola a un entorno, lo que le permite no abandonar su posición paranoide (ser todo para alguien y por tanto, omnisciente y omnipresente); pues, antes el bebé era inerme por falta de maduración y desarrollo, ahora, el bebé queda desamparado pues, la realidad es hostil y no sabría cómo lidiar con ella.

Digamos también que esta actitud de “sobreprotección” posee un contexto favorable, de hecho, la realidad suele ser hostil incluso para los adultos en determinadas circunstancias y además que el bebé a pesar de ir desarrollando un dominio de su propio cuerpo y un desarrollo de un yo, dominio y desarrollo no son –en esta primera instancia- más que una prefiguración del dominio y el desarrollo necesario para valerse en la vida por sus propios medios. 

Además, es evidente de que la maduración en el ser humano es un proceso lento y complejo que requiere sí o sí de una asistencia constante para llegar a buen término. Así, no objetamos en este punto que la madre “sobreproteja” al niño sino que sienta una pérdida cada vez que el niño se esfuerza en dar sus primeros pasos, esto es, que sienta que una parte de sí la abandona. Dicho de otra manera, lo objetable no es la protección sino la sobre-protección, esto es, la conducta compulsiva que impide a la madre la función de acompañamiento de su crío en el proceso de maduración sin intervenir más que como testigo y asistente.

Es decir, la sobre-protección, o la protección compulsiva de origen simbiótico, no implica el comprensible interés por velar por el niño sino el rechazo a abandonar una posición de poder y dominio sobre el mismo al amparo de los miedos propios proyectados a la realidad como manera de sostener la posición de todo poder.

Dicho de otra manera, la perdida que implica el desarrollo del niño orientado hacia otros intereses más allá de la madre, no es solo el abandono del niño (que jamás es tal) sino la pérdida de la posición de poderío y goce en el poderío propio de un modo de vínculo en el que uno de los partenaire depende exclusivamente del otro.

Habría que señalar aquí que es por esto que resulta fundamental un cierto grado de maduración de la mujer en proceso de ser madre y de la crianza compartida con otro partenaire que le permita superar ese duelo de forma más sencilla por un lado y que sea otra vía de interés para el niño ni bien comienza a independizarse de la madre.

Se podrá decir ¿qué hay de las “madres solteras” o que no poseen un partenaire de crianza para con su bebé?

En este caso, no se trata tanto de “hacer de padre y madre” (quehacer más ideal que posible) sino de tener el grado de maduración suficiente para efectuar ese duelo, ese segundo parto del que hablamos. Por decirlo de otra manera el trabajo de la madre respecto de su crío posee dos instancias: la mujer-madre, luego de parto, debe aprender a dejar partir al niño hacia su evolución, mediante el abandono de su posición paranoide de todo poder y la sustitución de esta por una observación más moderada en función de acompañamiento.

Pero, ¿qué es esta posición paranoide del todo-poder? ¿Cómo nace?


Recapitulemos:

Es una posición paranoide pues, en el curso del parto, paulatinamente aunque circunstancialmente, los intereses de la mujer-madre suelen debilitarse o desasirse momentáneamente del mundo exterior y de las otras personas para ser reorientados a la persona del bebé y a la función de vigilancia y protección.

Es una posición de “todo-poder” puesto que se da en un modo de vínculo en el que uno de los partenaires está completamente supeditado al arbitrio del otro.

Así en este tipo de vínculo prototípico encontramos gran parte de los rasgos fundamentales de toda relación simbiótica posterior, al punto de que podemos aventurar que tal relación simbiótica primera sirve de antecedente facilitador de toda relación simbiótica posterior. La persona que ha vivido en una relación simbiótica “desde la cuna” es más probable que desarrolle una alta probabilidad de establecer relaciones simbióticas o de aceptar como algo “natural” que se le imponga una relación simbiótica. Pero también, es de entender que la persona que no vivió una relación simbiótica en su vínculo primero sea grandemente refractaria a este modo de vínculo tan desfavorable.

Cabe la posibilidad, sin embargo, de que una persona sea inducida a un modo de vínculo simbiótico por imposición, a través de un trabajo sostenido de psicopatía y desestimación por parte del partenaire, orientado a estimular o despertar el sentimiento de inermidad de la primera infancia que la conduzca a reclamar una persona “todo poderosa” que la proteja y auxilie.

Por último, aprovechemos a puntualizar aquí un fenómeno social conocido como “el corrimiento a la derecha” de una sociedad. Cuando un pueblo o un sector social es decidida y activamente manipulado puede caer en una inermidad que lo conduzca a sobreexcitar y despertar el sentir de inermidad de la primera infancia y por lo tanto, reclamar a algún otro todopoderoso, capaz de protegerles a cualquier costo…2

El Dani
Daniel Adrián Leone
(Universo DADtube 2011/2026)

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Anexo 2026

Leyendo esta serie de posteos puede quedar la sensación errónea de que estamos haciendo una suerte de "quema de brujas" sobre la posición materna con respecto a la crianza como si "Papi" no tuviera "vela en este entierro". 

Nada más alejado ni de nuestra intención, ni de la realidad concreta (que es lo verdaderamente importante). Que el modelo de simbiosis como modo de relación surja apoyándose en el modo de relación, hasta cierto punto inevitable, con su trasfondo paranoide en el vínculo madre-hijo, de ninguna manera quiere decir que sea un "modo femenino" ni un modo "exclusivamente desarrollado por madres" o que el vínculo madre-hijo tenga en sí un sesgo psicopático. Puede volverse psicopático cuando tras el período de lactancia el niño comienza su desarrollo como persona y en este punto, Papi, es tan responsable como Mami, e incluso mucho más. Es perfectamente entendible el enorme costo real, concreto, que le implica a una mujer abandonar esa primera posición materna pues, la sobrellevó muchas veces sobre un fondo de ambivalencia, es decir en una suerte de guerra interna permanente e insoslayable, durante demasiado tiempo. Es en ese punto donde "Papi" tiene que largar la play, calzarse los pantalones largos y apoyar a su pareja, comprendiendo el trabajo verdaderamente sobrehumano que le ha tocado realizar y acompañarla en ese último duelo, tal vez el más importante y difícil de su vida

En el DAD hemos hablando suficientemente del tema, en particular en en este video que les comparto a continuación.

Crecer, la tarea imposible de todos los días



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1. Este texto y sus correlativos corresponden a un rescate de material de la Revista Ayúdame Freud.com, publicados en su versión original en el año 2011 y reintegrados, hoy, 2026 como material de archivo para el ecosistema de contenidos educativos, Universo DADtube.

2. Sobre este tema hemos avanzado en la sección psicopolítica de "El DAD" cuando hablamos de la "Trampa de la globalización" preguntándonos, irónicamente si es que "el mundo nos quedó chico" 


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